Hoy vengo a rescatarte de esa soledad
injusta,
la soledad que resulta de yacer inerte y sumisa
esperando paciente a que te despierte de tu diurno sueño.
Tú, mi almohada, que oculta bajo infinitas texturas y colores,
escuchas agazapada mis pasos furtivos de vigilia,
anhelando la llegada del crepúsculo para que nuestras mejillas se fundan
en un baile de roces y caricias que te hagan sentir viva de nuevo.
Viva para seguir siendo el sostén de mis más íntimas emociones.
Porque no ha hecho mis desgarrador llanto sino convertirte
en una blanca y tierna nube de consuelo,
quién sabe cuántas veces has llorado tú y no te he oído,
a dónde habrán ido tus lágrimas de esponja.
Porque cuando me ha envenenado la impotencia,
no han hecho mis puños irascibles
sino hundirse en las tiernas cavidades de tu estampa,
quién sabe cuántas veces te han dolido los latigazos de esa rabia recibida
y nunca te he curado.
Porque no han hecho mis brazos sino sumergirte en mi pecho
fundiendo cada una de tus fibras
con mi ardiente pasión imaginando cuerpos,
quién sabe cuántas veces te has deshilachado celosa
por no haber sido tú la amada.
Inmóvil siempre,
ahogada por el peso de mi faz dormida,
callada y fiel,
sublime amiga.
la soledad que resulta de yacer inerte y sumisa
esperando paciente a que te despierte de tu diurno sueño.
Tú, mi almohada, que oculta bajo infinitas texturas y colores,
escuchas agazapada mis pasos furtivos de vigilia,
anhelando la llegada del crepúsculo para que nuestras mejillas se fundan
en un baile de roces y caricias que te hagan sentir viva de nuevo.
Viva para seguir siendo el sostén de mis más íntimas emociones.
Porque no ha hecho mis desgarrador llanto sino convertirte
en una blanca y tierna nube de consuelo,
quién sabe cuántas veces has llorado tú y no te he oído,
a dónde habrán ido tus lágrimas de esponja.
Porque cuando me ha envenenado la impotencia,
no han hecho mis puños irascibles
sino hundirse en las tiernas cavidades de tu estampa,
quién sabe cuántas veces te han dolido los latigazos de esa rabia recibida
y nunca te he curado.
Porque no han hecho mis brazos sino sumergirte en mi pecho
fundiendo cada una de tus fibras
con mi ardiente pasión imaginando cuerpos,
quién sabe cuántas veces te has deshilachado celosa
por no haber sido tú la amada.
Inmóvil siempre,
ahogada por el peso de mi faz dormida,
callada y fiel,
sublime amiga.

Magnifico texto Aurora. Me has provocado cambiar la mirada hacia la compañera sumisa de mis sueños y desvelos.
ResponderEliminargracias por compartir tu creatividad!!
saludos
juan carlos
No tiene la poesía para mí sino el fin de llevarnos de la mano al otro lado de la vida. Me alegro de haberte acompañado.
ResponderEliminarun abrazo
Qué suerte conocer tu visión y tus sensaciones de lo cotidiano... y qué suerte que quieras compartirlo.GRACIAS!!
ResponderEliminar¡Hay tantas cosas a nuestro alrededor que merecen ser miradas con otros ojos! se consigue sólo con un poco de práctica. Gracias a ti por leer.
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