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30.6.20

ODA A LA VERDAD (La más simple y pura. La que todos conocemos.)






                                                          (Fotografía: Sergio García )

No importa que ásperas manos opriman los ojos,
ni que trancas de acero obstruyan puertas y ventanas,
porque, si tú estás,
los párpados son velos de cristal
y los muros cortinas de agua.

No hay sendero más nítido,
ni gotas más diáfanas
que el reguero que dejas a tu paso por el mundo.

Como una idólatra
intento encajar mis pies desnudos en tus huellas esparcidas,
a veces piso mal y rectifico al punto,
porque no quiero salirme del camino.

Pero es tanta la maraña de senderos equívocos
y tan malintencionado el lazarillo,
que es difícil encontrarte en el intento.

Cuando las sombras lo cubren todo
y hay bocas que exhalan humo,
vagamos desorientados en la penumbra.

Solo tu fuerza sublime de gigante Briareo
abre el camino,
revela la luz,
nos arranca de las tinieblas
y nos guía.

Es entonces,
cuando algunas luciérnagas dormidas en el bosque oscuro
 despiertan
y nos acompañan.

19.11.16

ODA A ESTA LUNA

Me miras generosa con tu rostro de nácar congelado en el espacio.
Todos creen que te contemplan.
Ilusos.
Eres tú la que nos escudriñas cada noche
silenciosa y enigmática
desde tu oscuro trono.

Como la Virgen velada de Strazza,
me embriagas con tu belleza misteriosa,
y -como ella-
cada vez más confundida,
suspiras melancólica por este mundo herido.

Tu piel me hipnotiza y enamora
y todo desaparece a mi alrededor cuando te observo.

Lánzame el rayo de Bécquer,
ahora que estamos comulgando solas,
déjame tocarlo con las yemas de mis dedos
e inúndame de esa luz que te desborda.

Quiero -como tú- sentirme plena
rebosante de energía
y compartirla después -como tú-
gratuítamente.

No hay oquedad en tus entrañas que me sea indiferente.
¡Oh! luna de noviembre fugaz y extraordinaria,
eres mi luna.

Sentada esperaré a que regreses, así pasen mil años,
me has llenado de vida.
Ya seré eterna.




5.8.16

ODA A LA PISCINA




La hora de una corrida de toros en marzo. 
La misma calma tensa.
 Una siesta imperfecta me incomoda y marea. 
Levanto mis párpados -pesados como yunques- y te veo silente, inmóvil, 
como una lagartija durmiente en la roca árida.
Mientras dos gotas salinas recorren mi frente huyendo despavoridas del sofoco del verano, 
te miro desafiante desde mi tumbona.
 Estás ahí y empiezas a sonreírme con hilillos de plata que los rayos del sol ardiente dibujan en tu superficie. Me llamas como un retoño dulce del mar, transparente: 
"Ven a volar a mis entrañas, que estoy gélida y doy vida". 
Y cuando ya me has seducido, me incorporo torpemente y camino sonámbulo a tu encuentro. 
Me arrodillo ante las ondas frescas para acariciar tu cristalino cabello y es entonces cuando, 
de repente, un alarido rompe la magia
"¡¡Boooooooomba!!" 
y un orondo, mondo y lirondo ser te invade a bocajarro, sin pedir permiso, sin cortejarte. 
Mientras tus tentáculos brillantes terminan de esparcirse por el césped colindante y aquel descarado inquilino emerge del fondo amenazante como un kraken, yo quedo allí al borde de tus caderas, ensopado de ti y completamente frustrado por este coitus interruptus.
Ya no tengo calor.
Bueno, al fin y al cabo, de eso se trataba.



21.7.16

ODA A CÁDIZ

 


Diminuta.

Como una argéntea perla

que huyera de su concha,

en busca del aire salobre que embriaga la costa.

Así surges, Cádiz,  ante mis ojos.


En los amaneceres limpios del verano,

despiertas acariciada por las algas melosas,

que, arrastradas por el oleaje,

y después de haberte besado,

se abrazan a tus rocas milenarias

reacias a abandonarte.


Con tu hechizo de sirena

y a sabiendas de su suerte,

los peces absortos abocan a tu orilla

    sólo para contemplar por última vez,

    la silueta de tan galana estampa.


Tus estrechas callejuelas

son los brazos cálidos de una tierna madre.

En invierno,

cuando el frío arrecia,

cobijas a tus hijos de los azotes del viento;

cada esquina es un arrullo,

cada callejón, un beso.


En verano,

con el imperioso sol del mediodía,

tus recovecos exhalan aire fresco,

como el soplo de esa madre

en la frente febril de sus retoños.


No hay calles que mis pies quieran pisar,

no hay torres que quiera admirar,

no hay atardeceres que desee contemplar,

que no sean los que te conforman,

los que te definen,

los que hacen de ti

el único puerto del mundo

donde quisiera arribar.


Ya no soy yo

cuando me asomo a tus murallas

y contemplo el mar inerte,

las rocas dormidas

o el aire exánime por no romper la magia;

porque para entonces,

ya me he fundido en el paisaje.


No sé en qué momento

mis brazos dejan de ser mis brazos

para convertirse en algas,

mi pelo deja de ser mi pelo

para transformarse en brisa,

mi piel deja de ser mi piel

para renacer en sal.


No aspiro a encerrarte en mis adentros,

es mi ambición final compartirte con el mundo,

porque es injusto que aún existan mortales

que no hayan podido respirar tanta belleza.





tanta belleza.  


3.7.16

ODA AL VIENTO DE LEVANTE





Es un misterio el proceder del viento de levante, 
en una oscura noche de verano.
 Cuando todos duermen, exhaustos tras el azote de su lengua ardiente, 
corretea esquivo por las calles
 como un vampiro en busca de una dama solitaria. 

Y cuando me encuentra, tropieza en mis carnes y ya sé, sin luchar, 
que me ha vencido. 
Como un galán altanero y mentiroso
 me va envolviendo voluptuosamente entre sus garras.
Es pasional y está solo, 
por eso, aunque sea de noche, 
aún es cálido y embriagador su aliento. 

No deseo sino abrir mis brazos 
y que me envuelva, cual tornado, para elevarme en un vaivén de sensaciones.
Es bondadoso,
 porque de un zarpazo, su manto alado e imponente, 
deshace los agobios y negruras de mi mente,
 no me permite pensar, no me da tregua, 
no deja rincón alguno de impureza en mis sentidos.

Es caprichoso. 
De repente, me escupe arena 
o se burla de mí levantando mi falda.
 Soy entonces un juguete para él.
 Me enfado y le desprecio.
 Pero zalamero, viene veloz de nuevo 
y aunque torpe, con un huracán me acaricia el pelo. 

Doblo la esquina y ya no está. 
Suspiro aliviada.
 Retoco mi peinado y mientras abrocho el último botón de mi blusa 
de nuevo, con un aullido desmedido, me arranca el bolso. 
El ladronzuelo, es un chiquillo travieso. 

¡Cómo no voy a quererle!




ODA A MI ALMOHADA






Hoy vengo a rescatarte de esa soledad injusta,
 la soledad que resulta de yacer inerte y sumisa 
esperando paciente a que te despierte de tu diurno sueño. 

Tú, mi almohada, que oculta bajo infinitas texturas y colores,
 escuchas agazapada mis pasos furtivos de vigilia, 
anhelando la llegada del crepúsculo para que nuestras mejillas se fundan
 en un baile de roces y caricias que te hagan sentir viva de nuevo. 

Viva para seguir siendo el sostén de mis más íntimas emociones. 
Porque no ha hecho mis desgarrador llanto sino convertirte
 en una blanca y tierna nube de consuelo,
 quién sabe cuántas veces has llorado tú y no te he oído, 
a dónde habrán ido tus lágrimas de esponja.

 Porque cuando me ha envenenado la impotencia, 
no han hecho mis puños irascibles 
sino hundirse en las tiernas cavidades de tu estampa, 
quién sabe cuántas veces te han dolido los latigazos de esa rabia recibida 
y nunca te he curado. 

Porque no han hecho mis brazos sino sumergirte en mi pecho 
fundiendo cada una de tus fibras 
con mi ardiente pasión imaginando cuerpos, 
quién sabe cuántas veces te has deshilachado celosa
 por no haber sido tú la amada.

 Inmóvil siempre, 
 ahogada por el peso de mi faz dormida,
 callada y fiel, 
sublime amiga.





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