Me miras generosa con tu
rostro de nácar congelado en el espacio.
Todos creen que te
contemplan.
Ilusos.
Eres tú la que nos
escudriñas cada noche
silenciosa y enigmática
desde tu oscuro trono.
Como la Virgen velada de
Strazza,
me embriagas con tu
belleza misteriosa,
y -como ella-
cada vez más confundida,
suspiras melancólica por
este mundo herido.
Tu piel me hipnotiza y
enamora
y todo desaparece a mi
alrededor cuando te observo.
Lánzame el rayo de
Bécquer,
ahora que estamos
comulgando solas,
déjame tocarlo con las
yemas de mis dedos
e inúndame de esa luz que
te desborda.
Quiero -como tú- sentirme
plena
rebosante de energía
y compartirla después
-como tú-
gratuítamente.
No hay oquedad en tus
entrañas que me sea indiferente.
¡Oh! luna de noviembre
fugaz y extraordinaria,
eres mi luna.
Sentada esperaré a que
regreses, así pasen mil años,
me has llenado de vida.
Ya seré eterna.

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