28.9.17

QUE PARE ESTO




Cuando era jovencita e iba al instituto solía “pescar” durante las clases de Lengua Española.
(Me encanta este concepto del verbo, acuñado tras la insistente práctica de mis alumnos)
Sin embargo, la cosa cambiaba cuando tocaba Literatura,
entonces la pesca se tornaba en vuelo libre
y mi sensiblera aerodinámica me dejaba caer en volandas
por entre versos volátiles y enigmáticas metáforas.
Hurgar en sus entrañas suponía todo un desafío.

La Literatura era otra cosa.

Y es que tanto verbo, sustantivo y determinante acaban con la paciencia de cualquiera.
Y qué decir de los pronombres, esos tipejos usurpadores de la identidad de otros,
con tan pocas letras y tan sosas.
“Vocablos de baja calaña”
les susurraba a modo de escarnio mientras pasaba las páginas
“no hacéis otra cosa que hundirme en el tedio absoluto”.

¡Qué equivocada estaba!
No hubiera podido imaginar entonces cuántos mundos podrían hallarse
detrás de las vocales y consonantes de un pronombre.

Hoy pide mi corazón que pare “esto”.

Traspaso esa “o” como una puerta abierta y sin cerrojo
para encontrarme -como Alicia- en este mundo tan ajeno al mío,
un mundo extraño e insondable
porque “esto” que me abruma no es el mundo que yo quiero.

No es el mundo con el que soñaba mientras jugaba en el patio del colegio,
no es el mundo para el que me preparaba escondida entre ingentes pilas de libros,
no es el mundo donde imaginé que respirarían mis hijos
ni donde germinarían mis proyectos.

Es el mundo cuyas iniquidades pasadas juré jamás imitar
y a las que da alas tan peligrosamente,
el mundo donde colisionan astas de banderas como espadas aceradas
el mundo donde la memoria colectiva se anonada y se disipa,
el Ave Fénix del despropósito,
el mundo que no distingue el derecho del revés,
que no recoge mies porque no siembra,
que empodera a monstruos y les aplaude,
monstruos que se escupen a la cara
y cuya saliva salpica el techo de nuestras casas.

Quiero que pare esto que no quiero,
esto que atraviesa el cristal de las noticias,
quiero que esto sea lo que soñamos.

Porque aún queda gente cuerda y valiente,
gente con corazón y dispuesta a arriar banderas desquiciadas
para hacer que nos sentemos a la mesa y conversemos.

Quiero que pare esto que no entiendo
y que vuelva aquello para lo que nacimos.

Quiero que me aburran de nuevo los pronombres.
Que no me den miedo.


10.9.17

COHERENCIA




Blanca realizaba el mismo ritual  cada mañana.
Durante un minuto y medio permanecía observando el reloj
mientras balanceaba la bolsita de té dentro de su taza,
ese era el tiempo exacto para conseguir una infusión perfecta, 
según ella.

 Blanca había aprendido desde pequeña que había que ser consecuente con lo que uno piensa
y nunca quiso creer que la tozudez fuese un defecto,
por eso ya era tarde para concebir las cosas de otra manera.

Sobre todo desde que se marchó Pedro,
porque ya no tenía que escuchar el argumento
de que los tiempos dependen de los diferentes tipos de té.








PLATA NEGRA




El coche se estampó contra un árbol justo después de atravesar el último túnel.
Ramón comenzó a sentir cómo la sangre que brotaba de la frente humedecía sus labios,
dejando el mismo sabor a herrumbre que el chasis donde se encontraba atrapado.
Antes de perder el conocimiento pensó en Marta, su esposa, y la imaginó probándose el vestido azul que luciría al día siguiente en sus bodas de plata, completamente ilusionada.
Ramón quedó tan colgado de aquella imagen,
que ni siquiera se percató de que la joven que estaba sentada a su lado
hacía un buen rato que no respiraba.






4.9.17

BOCHORNO




Cuando volvió a despertar, sintió que algo había cambiado.

El Ave Fénix intuyó que había llegado su vejez
porque un cansancio infinito
 se asentaba debajo de su plumaje dorado,
pero no había otra.

Aquella tórrida tarde de agosto se incineró de nuevo y resurgió 
ante los atónitos ojos de los chiquillos 
que aplaudían estrepitosamente
bajo la carpa mugrienta del circo.









PÁJAROS SIN CIELO







Aunque le tiembla el pulso,
 a Juan le resulta sencillo trazar las curvas de las alas
 y perfila los bordes de las plumas con pequeños carboncillos 
que le proporciona su esposa cada cierto tiempo. 

En el papel el ave vuela majestuosa,
 pero al levantar la mirada y verla atrapada en el tendido eléctrico,
 a Juan se le rompe el alma.

 Tanto, como cuando desenfoca la mirada
 y se topa de nuevo con los fríos barrotes de la celda.








3.9.17

VIVIR EN VANO


No sé qué piensan ustedes,
pero es seguro que hay cosas en la vida que se hacen en vano.
Probablemente todos las hemos hecho alguna vez:
“Esperé en vano a que llegara”,
“Busqué en vano una salida”,
“Todo el trabajo fue en vano”,
“Traté en vano de solucionarlo”.
..todo para decir
“inútilmente, sin razón o sin efecto”.

Pero es muy probable que ni siquiera sepamos qué es ese “vano” que tanto nos angustia,
en el que nuestro esfuerzo y nuestras mejores intenciones pierden el aliento,
en el que se nos escapa la energía,
en el que se nos agota la vida.
Todo nuestro vigor cae en el “vano” como en un abismo profundo y perpetuo
y no sabemos qué es, ni dónde reside.

Y ahora que estamos en este siglo de luces opacas
donde creemos que podemos inventarlo todo,
nos topamos, de repente, con aquel primer hombre
que, para salvar el agujero en una caverna, arrojó el tronco de un árbol,
o aquél otro que para cruzar un río caudaloso, dispuso piedras sobre las que caminar,
o aquellos que apilaron rocas a ambos lados del abismo
sobre las que extendieron maderos para poder atravesarlo.

No querían ellos caer en “vano”,
que no era otra cosa que aquel espacio libre, abierto y desafiante.

Entonces el hombre inventó puentes para burlarlo.
Puentes de troncos, de ramas, de piedras.
Puentes de hierro, de hormigón, de acero.
Ya no había “vanos” que le detuviesen.

El “vano” es el vacío que se nos presenta de golpe,
la sima donde se precipitan nuestros anhelos
la fosa donde se pierde la esperanza,
el barranco que nos separa de los que amamos.

Por eso también ahora, en tiempos de incertidumbre, en tiempos de desconsuelo,
levantamos puentes a la desesperada,
sin saber si soportarán las embestidas del destino.


Hay “puentes del tiempo” que nos llevan a otro lado del planeta unos días
y nos liberan del tedio y la rutina,
o que nos dejan acariciar por un breve período
aquel rostro del que nos despedimos
y que solo en estos saltos podemos volver a tocar.

Hay puentes que esconden los secretos de las aguas que los besan,
puentes que han oído reír,
puentes que han visto llorar,
puentes cómplices de amor.
Puentes que, impotentes, han visto matar.


Hay “puentes de plata” que tendemos al hostil
con mentiras cabronas,
con halagos,
porque no queremos que un“vano” insondable
nos meta al enemigo en casa.


Hay puentes de lealtad levantados con promesas sinceras,
tan firmes,
que el tiempo las convierte en cadenas,
no es el “vano” aquí sino la liberación de una condena.


Hay puentes de amor que se derrumban en una noche,
que no los levanta de nuevo un gigante
y se abre de nuevo ante nuestros ojos un “vano”
por donde se nos precipita el alma.


No somos sino los herederos del primer hombre,
y en estos tiempos oscuros
 hemos de levantar nuevos puentes para seguir existiendo:
Puentes de lenguas, en lugar de madera.
Puentes de solidaridad, en lugar de hormigón.
Puentes de amor, en lugar de piedra.

Que no haya trampa,
que no nos confundan,
porque no podemos vivir en "vano".



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