Cuando era jovencita e iba
al instituto solía “pescar” durante las clases de Lengua
Española.
(Me encanta este concepto
del verbo, acuñado tras la insistente práctica de mis alumnos)
Sin embargo, la cosa
cambiaba cuando tocaba Literatura,
entonces la pesca se
tornaba en vuelo libre
y mi sensiblera
aerodinámica me dejaba caer en volandas
por entre versos
volátiles y enigmáticas metáforas.
Hurgar en sus entrañas
suponía todo un desafío.
La Literatura era otra
cosa.
Y es que tanto verbo,
sustantivo y determinante acaban con la paciencia de cualquiera.
Y qué decir de los
pronombres, esos tipejos usurpadores de la identidad de otros,
con tan pocas letras y tan
sosas.
“Vocablos de baja
calaña”
les susurraba a modo de
escarnio mientras pasaba las páginas
“no hacéis otra cosa
que hundirme en el tedio absoluto”.
¡Qué equivocada estaba!
No hubiera podido imaginar
entonces cuántos mundos podrían hallarse
detrás de las vocales y
consonantes de un pronombre.
Hoy pide mi corazón que
pare “esto”.
Traspaso esa “o” como
una puerta abierta y sin cerrojo
para encontrarme -como
Alicia- en este mundo tan ajeno al mío,
un mundo extraño e
insondable
porque “esto” que me
abruma no es el mundo que yo quiero.
No es el mundo con el que
soñaba mientras jugaba en el patio del colegio,
no es el mundo para el que
me preparaba escondida entre ingentes pilas de libros,
no es el mundo donde
imaginé que respirarían mis hijos
ni donde germinarían mis
proyectos.
Es el mundo cuyas
iniquidades pasadas juré jamás imitar
y a las que da alas tan
peligrosamente,
el mundo donde colisionan
astas de banderas como espadas aceradas
el mundo donde la memoria
colectiva se anonada y se disipa,
el Ave Fénix del
despropósito,
el mundo que no distingue
el derecho del revés,
que no recoge mies porque
no siembra,
que empodera a monstruos
y les aplaude,
monstruos que se escupen a
la cara
y cuya saliva salpica el
techo de nuestras casas.
Quiero que pare esto que
no quiero,
esto que atraviesa el
cristal de las noticias,
quiero que esto sea lo que
soñamos.
Porque aún queda gente
cuerda y valiente,
gente con corazón y
dispuesta a arriar banderas desquiciadas
para hacer que nos
sentemos a la mesa y conversemos.
Quiero que pare esto que
no entiendo
y que vuelva aquello para
lo que nacimos.
Quiero que me aburran de
nuevo los pronombres.
Que no me den miedo.


