10.9.17

COHERENCIA




Blanca realizaba el mismo ritual  cada mañana.
Durante un minuto y medio permanecía observando el reloj
mientras balanceaba la bolsita de té dentro de su taza,
ese era el tiempo exacto para conseguir una infusión perfecta, 
según ella.

 Blanca había aprendido desde pequeña que había que ser consecuente con lo que uno piensa
y nunca quiso creer que la tozudez fuese un defecto,
por eso ya era tarde para concebir las cosas de otra manera.

Sobre todo desde que se marchó Pedro,
porque ya no tenía que escuchar el argumento
de que los tiempos dependen de los diferentes tipos de té.








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