13.2.18

CUANDO EL "ÁNGEL" MUERDE



"La pureza está en mezclarse y respirar lo diferente"
(Jesús Bienvenido)
Así sea.
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Odio la violencia y por ende, las armas.
Las únicas batallas que no he podido ganar
las libré en el ciberespacio.
No supe reponer municiones, fui mal estratega,
o me rendí pronto, supongo.

Jamás empuñé un arma,
pero hay un pistoletazo que defiendo,
el disparo que quiero que suene y reviente las nubes,
la detonación que quiebra los moldes,
el tiro que resquebraja la rutina,
el impacto que rompe la cáscara de la costumbre
y nos libera.

La salva al aire que lanza el último popurrit
en una madrugada de sábado de febrero,
cuando un templo rojizo y añejo
nos hace un guiño
y nos exhorta:
“ Salid y conquistadlo todo
porque estas son vuestras batallas,
porque sabéis que esta guerra ya está ganada”

No hay válvula que contenga la presión acumulada,
no hay garganta que reprima el sentir,
ni alma que lo desee.

Un estallido multicolor y multiemoción.
Un papelillo azul para la nostalgia,
un papelillo amarillo para la crítica,
un papelillo rosa para la sátira,
un papelillo verde para lo picante,
un papelillo negro para la condena.

El Carnaval de Cádiz comienza.

Queremos rajar las pieles y abrir las carnes,
sacar el alma,
condenar,
ridiculizar,
y vencer al son de carcajadas.
Queremos explotar por una vez
para ser capaces después de volver a la rutina.

Una bala certera te arranca la sonrisa
con un cuplé chirigotero,
un puñal acerado recoge tu lágrima
con un pasodoble,
una carga de profundidad te hace temblar
al ritmo de la batea,
y una espada afilada te descuartiza
con cada golpe del cuarteto.

Si no has estado aquí no nos comprendes.

Abro la puerta para invitarte,
para que pases y pasees,
despiertes los sentidos
y olvides o recuerdes.
Lo que necesites.
Todo menos quedar indiferente.

Ten cuidado con nosotros, que engañamos,
nuestro único afán es hacerte prisionero.

El Carnaval de Cádiz ha comenzado
le pese a quien le pese.
Es un diamante en bruto
y es de todos.

Que nadie se atreva a trastocarlo,
que no nos lo toquen,
que mordemos.







4.2.18

QUE EL FRÍO SEA SOLO UNA SENSACIÓN




Hoy llueve en mi ciudad.
Es invierno.
Es febrero.
Medio país amanece blanco y helado y el frío nos envuelve a todos.
Un frío que despierta los sentidos,
que recorre cada célula del cuerpo y golpea en nuestro entorno
como una gigantesca campana de hierro que nos hace vibrar con su reverberación.

No es como el calor que te adormece, te atonta y te invalida.
El frío te mantiene alerta y hace que cada poro de tu piel se estremezca y restriña.

Abres la puerta de tu casa y el frío de repente te saluda con una sacudida,
cierras si querer los ojos como queriendo evitar el golpe
y resoplas pensando si serás capaz de soportarlo.
Dudas un momento si volver atrás,
si esconderte o huir despavorido a un lugar cerrado.

Pero no lo haces.

Porque el frío es solo una sensación
y sabes que eres capaz de soportarlo y afrontarlo.
Le miras desafiante a los ojos y el frío cobarde se achanta y desvanece
y se da cuenta de que no es tan poderoso.

A veces el frío vence y congela las manos,
impide que unos pies audaces puedan dar un paso,
consigue que nunca salgas a la calle
o incluso que huyas a lugares más cálidos.

Por eso debemos prestar nuestros guantes,
empujar a los pies dormidos,
abrir otras puertas y tirar de los rezagados,
encender fuegos para que nadie se aleje de nosotros.

Ese siniestro personaje te hace sentir que estás aquí y estás vivo.

Cuando has pasado mucho frío
conoces el verdadero calor del hogar,
no olvidas el sentido de un abrazo,
agradeces a quienes encienden fogatas a tu paso
y admiras a quienes se niegan a cerrar los ojos
y a esperar que el frío simplemente pase.

Hoy aún hace frío.
Es cuatro de febrero.
Abracémonos y abriguémonos.
Que el manto helado del cáncer no nos cubra.

Y ahora, si quieres, puedes leer esto otra vez.

Fotografía: Gracias a mi amiga Ana Reyes, que tiene arte en la mirada.



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