17.3.17

LOS CIVILES


Creo que no existe esta entrañable costumbre entre los jóvenes de hoy en día
y me atrevería a afirmar que entre los de mi edad, tampoco.
Me refiero a la de asignar apodos a los números del bingo,
sin embargo, era una costumbre muy común de nuestros padres y abuelos.

Cantar los números del bingo con un apodo
estaba arraigado a la cultura popular en su sentido más universal:
a los distintos pueblos y a las distintas culturas.
Un mismo número podía admitir varios apodos dependiendo del pueblo,
país o incluso continente donde se cantase.
Son de sobra conocidos “La niña bonita” y “Los dos patitos”
(Uff ¡Quién se acuerda ya de ellos!)

Creo que recuperar esa tradición podría encajar perfectamente en lo que actualmente llamamos
“estimulación cognitiva”, diseñada para frenar el deterioro cognitivo y la pérdida de memoria.
No estaría mal que la pusiéramos en práctica de nuevo, en lugar de tanto “Candy Crush” que
-en manos de diputados del Congreso- solo sirve para enervar al pueblo.
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Hoy es un día especial porque en el bingo de la vida han cantado mi número: ”¡Los civiles!”

Estos dos señores ataviados con su tricornio han venido a echar un vistazo,
han venido a aconsejarme:
“Tenga cuidado con lo que hace usted a estas altas horas de su vida”
“Vigilaremos el camino para que no se lleve usted una sorpresa desagradable”
“Plantéese la posibilidad de marcharse a dormir, que es muy tarde,
y cada vez están más solitarios los senderos”.

“Los civiles” han llegado y pretenden velar por mi vida.
Protegerme de desalmados que antes pasaban desapercibidos,
hacerme entrar en razón
y acompañarme a mis aposentos.

En aras de “El honor es mi divisa”
 no se han percatado “Los civiles” de que aún quedan por salir del bombo 
treinta y cinco números juguetones como son: 
“la zanahoria”, “los limones”, “la pelea”, “el higo”, “las banderas”, “la mierda”, 
“el casamiento”, “las tetas”...
solo con éstos se le hace a una la boca agua.

Es genial que hayan llegado “Los civiles”
bienvenidos son, bienhallados y celebrados
-porque hubo un tiempo en que no sabía si iba a poder decir lo mismo-

Bien estará también que no se estanquen,
que dejen desfilar a la sublime cabalgata de números que les sucede.
Que tengo ganas de toparme con esos apodos vivarachos y pícaros
antes de que a alguien le de por cantar:
“¡El abuelo!”.

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Gracias mil a los que quiero y me quieren.
A los que han deseado que “los civiles” me traigan un

 “¡Feliz Cumpleaños!”



4.3.17

365 DÍAS


Un día para dos gritos,
un día para ver,
un día para buscar leche,
un día para oler.

Un día para tener hambre,
un día para aguantar,
un día para el primer puchero,
un día para llorar.

Un día para un estornudo,
un día para temblar,
un día para un dolor de tripas,
un día para eruptar.

Un día para perder la cuerda,
un día para volar.

Un día para gruñir por la ventisca,
un día para sentir un rayo de sol.

Un día para saborear una leche distinta.

Un día para la primera nana,
un primer ceño para fruncir,
un día para no quejarse,
una noche entera para dormir.

Un día para la verdura,
un día para rechazar,
un día para estar malita,
un día para vomitar.

Un día para mirar el cielo,
un día para encontrar a mamá,
un día para verse reflejada,
un día para llamar a papá.

Un día para la sonrisa,
un día para el primer diente,
un día para el hipo,
la primera pelusa en la frente.

Un día para observar la mano,
un día para ser buena,
un día para decir adiós,
un día para la primera pena.

Un día para atrapar el juguete,
un día para arrebatar.

Un día para la música,
un día para bailar.

Un día para sentarse erguida,
un día para caer hacia atrás,
un día para el primer zapato,
un día para gatear.

Un día para un mordisco,
un día para arañar,
un día para una carcajada sin respiro,
un día para besar.

Y el resto hasta el año
días para vivir,
para manosear el mundo,
para jugar a ser feliz.

Un día para la primera tarta,
un día para escuchar:
¡“Feliz Cumpleaños!”...

y un día para continuar.


Para Laura y Lucía





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