(Porque el disfraz de emociones que nos envuelve a veces toma el mando y hay noches en que la tristeza se manifiesta. Sin reprimirla, le dejo hablar un buen rato, escucho sus cuitas y luego se va.)
El último cumpleaños.
La última sonrisa noble,
el último cálido abrazo,
la última promesa firme,
el último brioso baile.
La última fiesta perfecta,
el último deseo cumplido,
la última copla entonada,
el último franco regalo.
La última lágrima.
El último callado anhelo,
la última sorpresa grata,
el último arrancado adiós,
la última palabra dada.
El último plácido sueño,
la última tierna caricia,
el último ahogado suspiro,
la última dulce mirada.
El último beso.
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Tengo encerrada a la noche que despierta las últimas veces.
Presa en un cofre de bruma con un candado de algas,
sabiéndose no culpable, amarrada languidece.
La férrea llave de espuma escondida en mi garganta,
al verla desamparada, suspira y se reblandece.
Artera la luna baja, halada por su lamento
y con palabras de aliento
-la insensata-
disipa la espesa niebla y a hurtadillas la desata.
Suspiro otra última vez,
al volver a encarcelarla.
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(Por la salud del cuerpo y el alma)
