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10.9.17

COHERENCIA




Blanca realizaba el mismo ritual  cada mañana.
Durante un minuto y medio permanecía observando el reloj
mientras balanceaba la bolsita de té dentro de su taza,
ese era el tiempo exacto para conseguir una infusión perfecta, 
según ella.

 Blanca había aprendido desde pequeña que había que ser consecuente con lo que uno piensa
y nunca quiso creer que la tozudez fuese un defecto,
por eso ya era tarde para concebir las cosas de otra manera.

Sobre todo desde que se marchó Pedro,
porque ya no tenía que escuchar el argumento
de que los tiempos dependen de los diferentes tipos de té.








PLATA NEGRA




El coche se estampó contra un árbol justo después de atravesar el último túnel.
Ramón comenzó a sentir cómo la sangre que brotaba de la frente humedecía sus labios,
dejando el mismo sabor a herrumbre que el chasis donde se encontraba atrapado.
Antes de perder el conocimiento pensó en Marta, su esposa, y la imaginó probándose el vestido azul que luciría al día siguiente en sus bodas de plata, completamente ilusionada.
Ramón quedó tan colgado de aquella imagen,
que ni siquiera se percató de que la joven que estaba sentada a su lado
hacía un buen rato que no respiraba.






4.9.17

BOCHORNO




Cuando volvió a despertar, sintió que algo había cambiado.

El Ave Fénix intuyó que había llegado su vejez
porque un cansancio infinito
 se asentaba debajo de su plumaje dorado,
pero no había otra.

Aquella tórrida tarde de agosto se incineró de nuevo y resurgió 
ante los atónitos ojos de los chiquillos 
que aplaudían estrepitosamente
bajo la carpa mugrienta del circo.









PÁJAROS SIN CIELO







Aunque le tiembla el pulso,
 a Juan le resulta sencillo trazar las curvas de las alas
 y perfila los bordes de las plumas con pequeños carboncillos 
que le proporciona su esposa cada cierto tiempo. 

En el papel el ave vuela majestuosa,
 pero al levantar la mirada y verla atrapada en el tendido eléctrico,
 a Juan se le rompe el alma.

 Tanto, como cuando desenfoca la mirada
 y se topa de nuevo con los fríos barrotes de la celda.








9.7.16

IMPOSIBLE




Aquél ser diminuto que golpeaba la lente desde el otro lado me estaba poniendo de los nervios porque ya había intentado apartarlo varias veces. El maldito bicho no me dejaba enfocar a las dos figuras que por fin sonreían tras conseguir firmar el polémico tratado. Encaramarme a aquella farola había sido peliagudo pero era una fantástica perspectiva y sabía que aquella fotografía me consagraría en la profesión. Con un último manotazo -por fín- me deshice del bicho, enfoqué de nuevo y pulsé el disparador. Suspiraba de alivio mientras descendía torpemente y una vez en el suelo busqué con ansiedad la anhelada imagen. Supongo que todo habría sido perfecto si al disparar no hubiera decidido cagarse en el objetivo aquella inoportuna paloma.



3.7.16

LEY DE VIDA




A él se le rompió el alma al verla sentada al filo de la cama sollozando.
Le impresionó que esa férrea mujer llorara cuando ni siquiera lo hizo en el funeral de su marido.
No se sentía culpable porque no era su intención abandonarla, pero un diáfano y sereno amanecer
 él se marchó.
Semanas después ella fue a visitarle. Él la miraba de soslayo mientras le mostraba su nueva casa. 
"Las vistas al mar son preciosas, hijo mío" - dijo ella resignada.




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