Creo que no existe esta
entrañable costumbre entre los jóvenes de hoy en día
y me atrevería a afirmar
que entre los de mi edad, tampoco.
Me refiero a la de asignar
apodos a los números del bingo,
sin embargo, era una
costumbre muy común de nuestros padres y abuelos.
Cantar los números del
bingo con un apodo
estaba arraigado a la
cultura popular en su sentido más universal:
a los distintos pueblos y
a las distintas culturas.
Un mismo número podía
admitir varios apodos dependiendo del pueblo,
país o incluso continente
donde se cantase.
Son de sobra conocidos “La
niña bonita” y “Los dos patitos”
(Uff ¡Quién se acuerda
ya de ellos!)
Creo que recuperar esa
tradición podría encajar perfectamente en lo que actualmente
llamamos
“estimulación
cognitiva”, diseñada para frenar el deterioro cognitivo y la
pérdida de memoria.
No estaría mal que la
pusiéramos en práctica de nuevo, en lugar de tanto “Candy Crush”
que
-en manos de diputados del
Congreso- solo sirve para enervar al pueblo.
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Hoy es un día especial
porque en el bingo de la vida han cantado mi número: ”¡Los
civiles!”
Estos dos señores
ataviados con su tricornio han venido a echar un vistazo,
han venido a aconsejarme:
“Tenga cuidado con lo
que hace usted a estas altas horas de su vida”
“Vigilaremos el camino
para que no se lleve usted una sorpresa desagradable”
“Plantéese la
posibilidad de marcharse a dormir, que es muy tarde,
y cada vez están más
solitarios los senderos”.
“Los civiles” han
llegado y pretenden velar por mi vida.
Protegerme de desalmados
que antes pasaban desapercibidos,
hacerme entrar en razón
y acompañarme a mis
aposentos.
En aras de “El honor es
mi divisa”
no se han percatado “Los civiles” de que aún quedan
por salir del bombo
treinta y cinco
números juguetones como son:
“la zanahoria”, “los limones”,
“la pelea”, “el higo”, “las banderas”, “la mierda”,
“el casamiento”, “las tetas”...
solo con éstos se le hace
a una la boca agua.
Es genial que hayan
llegado “Los civiles”
bienvenidos son,
bienhallados y celebrados
-porque hubo un tiempo en
que no sabía si iba a poder decir lo mismo-
Bien estará también que
no se estanquen,
que dejen desfilar a la
sublime cabalgata de números que les sucede.
Que tengo ganas de toparme
con esos apodos vivarachos y pícaros
antes de que a alguien le
de por cantar:
“¡El abuelo!”.
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Gracias mil a los que
quiero y me quieren.
A los que han deseado que
“los civiles” me traigan un
“¡Feliz Cumpleaños!”

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