3.9.17

VIVIR EN VANO


No sé qué piensan ustedes,
pero es seguro que hay cosas en la vida que se hacen en vano.
Probablemente todos las hemos hecho alguna vez:
“Esperé en vano a que llegara”,
“Busqué en vano una salida”,
“Todo el trabajo fue en vano”,
“Traté en vano de solucionarlo”.
..todo para decir
“inútilmente, sin razón o sin efecto”.

Pero es muy probable que ni siquiera sepamos qué es ese “vano” que tanto nos angustia,
en el que nuestro esfuerzo y nuestras mejores intenciones pierden el aliento,
en el que se nos escapa la energía,
en el que se nos agota la vida.
Todo nuestro vigor cae en el “vano” como en un abismo profundo y perpetuo
y no sabemos qué es, ni dónde reside.

Y ahora que estamos en este siglo de luces opacas
donde creemos que podemos inventarlo todo,
nos topamos, de repente, con aquel primer hombre
que, para salvar el agujero en una caverna, arrojó el tronco de un árbol,
o aquél otro que para cruzar un río caudaloso, dispuso piedras sobre las que caminar,
o aquellos que apilaron rocas a ambos lados del abismo
sobre las que extendieron maderos para poder atravesarlo.

No querían ellos caer en “vano”,
que no era otra cosa que aquel espacio libre, abierto y desafiante.

Entonces el hombre inventó puentes para burlarlo.
Puentes de troncos, de ramas, de piedras.
Puentes de hierro, de hormigón, de acero.
Ya no había “vanos” que le detuviesen.

El “vano” es el vacío que se nos presenta de golpe,
la sima donde se precipitan nuestros anhelos
la fosa donde se pierde la esperanza,
el barranco que nos separa de los que amamos.

Por eso también ahora, en tiempos de incertidumbre, en tiempos de desconsuelo,
levantamos puentes a la desesperada,
sin saber si soportarán las embestidas del destino.


Hay “puentes del tiempo” que nos llevan a otro lado del planeta unos días
y nos liberan del tedio y la rutina,
o que nos dejan acariciar por un breve período
aquel rostro del que nos despedimos
y que solo en estos saltos podemos volver a tocar.

Hay puentes que esconden los secretos de las aguas que los besan,
puentes que han oído reír,
puentes que han visto llorar,
puentes cómplices de amor.
Puentes que, impotentes, han visto matar.


Hay “puentes de plata” que tendemos al hostil
con mentiras cabronas,
con halagos,
porque no queremos que un“vano” insondable
nos meta al enemigo en casa.


Hay puentes de lealtad levantados con promesas sinceras,
tan firmes,
que el tiempo las convierte en cadenas,
no es el “vano” aquí sino la liberación de una condena.


Hay puentes de amor que se derrumban en una noche,
que no los levanta de nuevo un gigante
y se abre de nuevo ante nuestros ojos un “vano”
por donde se nos precipita el alma.


No somos sino los herederos del primer hombre,
y en estos tiempos oscuros
 hemos de levantar nuevos puentes para seguir existiendo:
Puentes de lenguas, en lugar de madera.
Puentes de solidaridad, en lugar de hormigón.
Puentes de amor, en lugar de piedra.

Que no haya trampa,
que no nos confundan,
porque no podemos vivir en "vano".



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