Hoy llueve en mi ciudad.
Es invierno.
Es febrero.
Medio país amanece blanco
y helado y el frío nos envuelve a todos.
Un frío que despierta
los sentidos,
que recorre cada célula
del cuerpo y golpea en nuestro entorno
como una gigantesca
campana de hierro que nos hace vibrar con su reverberación.
No es como el calor que
te adormece, te atonta y te invalida.
El frío te mantiene
alerta y hace que cada poro de tu piel se estremezca y restriña.
Abres la puerta de tu casa
y el frío de repente te saluda con una sacudida,
cierras si querer los ojos
como queriendo evitar el golpe
y resoplas pensando si
serás capaz de soportarlo.
Dudas un momento si volver
atrás,
si esconderte o huir
despavorido a un lugar cerrado.
Pero no lo haces.
Porque el frío es solo
una sensación
y sabes que eres capaz de
soportarlo y afrontarlo.
Le miras desafiante a los
ojos y el frío cobarde se achanta y desvanece
y se da cuenta de que no
es tan poderoso.
A veces el frío vence y
congela las manos,
impide que unos pies
audaces puedan dar un paso,
consigue que nunca salgas
a la calle
o incluso que huyas a
lugares más cálidos.
Por eso debemos prestar
nuestros guantes,
empujar a los pies
dormidos,
abrir otras puertas y
tirar de los rezagados,
encender fuegos para que
nadie se aleje de nosotros.
Ese siniestro personaje
te hace sentir que estás aquí y estás vivo.
Cuando has pasado mucho
frío
conoces el verdadero calor
del hogar,
no olvidas el sentido de
un abrazo,
agradeces a quienes
encienden fogatas a tu paso
y admiras a quienes se
niegan a cerrar los ojos
y a esperar que el frío
simplemente pase.
Hoy aún hace frío.
Es cuatro de febrero.
Abracémonos y
abriguémonos.
Que el manto helado del
cáncer no nos cubra.
Y ahora, si quieres, puedes leer esto otra vez.
Fotografía: Gracias a mi amiga Ana Reyes, que tiene arte en la mirada.
Fotografía: Gracias a mi amiga Ana Reyes, que tiene arte en la mirada.

El problema es cuandonel frio te cala y ni tienes hogar, ni casa, ni paredes, ni techo para poder esquivarlo, y te cala y te cala y solo te queda cerrar los ojos y esperar que mañana el sol caliente.
ResponderEliminarSe muy bien que la lucha es muy dura y el miedo infinito. Envío desde aquí todo el calor de mi abrazo y una llamarada de esperanza para ti, Rafael.
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