Es un misterio el proceder del viento
de levante,
en una oscura noche de verano.
Cuando todos duermen, exhaustos tras el azote de su lengua ardiente,
corretea esquivo por las calles
como un vampiro en busca de una dama solitaria.
Y cuando me encuentra, tropieza en mis carnes y ya sé, sin luchar,
que me ha vencido.
en una oscura noche de verano.
Cuando todos duermen, exhaustos tras el azote de su lengua ardiente,
corretea esquivo por las calles
como un vampiro en busca de una dama solitaria.
Y cuando me encuentra, tropieza en mis carnes y ya sé, sin luchar,
que me ha vencido.
Como un galán altanero y mentiroso
me va envolviendo voluptuosamente entre sus garras.
me va envolviendo voluptuosamente entre sus garras.
Es pasional y está solo,
por eso, aunque sea de noche,
aún es cálido y embriagador su aliento.
No deseo sino abrir mis brazos
y que me envuelva, cual tornado, para elevarme en un vaivén de sensaciones.
por eso, aunque sea de noche,
aún es cálido y embriagador su aliento.
No deseo sino abrir mis brazos
y que me envuelva, cual tornado, para elevarme en un vaivén de sensaciones.
Es bondadoso,
porque de un zarpazo, su manto alado e imponente,
deshace los agobios y negruras de mi mente,
no me permite pensar, no me da tregua,
porque de un zarpazo, su manto alado e imponente,
deshace los agobios y negruras de mi mente,
no me permite pensar, no me da tregua,
no deja rincón alguno de
impureza en mis sentidos.
Es caprichoso.
De repente, me escupe
arena
o se burla de mí levantando mi falda.
Soy entonces un juguete para él.
Me enfado y le desprecio.
Pero zalamero, viene veloz de nuevo
y aunque torpe, con un huracán me acaricia el pelo.
Doblo la esquina y ya no está.
Suspiro aliviada.
Retoco mi peinado y mientras abrocho el último botón de mi blusa
de nuevo, con un aullido desmedido, me arranca el bolso.
o se burla de mí levantando mi falda.
Soy entonces un juguete para él.
Me enfado y le desprecio.
Pero zalamero, viene veloz de nuevo
y aunque torpe, con un huracán me acaricia el pelo.
Doblo la esquina y ya no está.
Suspiro aliviada.
Retoco mi peinado y mientras abrocho el último botón de mi blusa
de nuevo, con un aullido desmedido, me arranca el bolso.
El ladronzuelo, es un chiquillo
travieso.
¡Cómo no voy a quererle!

Hola Auro: vuelvo por aquí, tenía ganas... Es una suerte que nos hayas presentado a este sugerente viento, tantas veces mal entendido y tantas veces temido por el "turisteo". Cuando vuelva a Cádiz, que volveré, espero encontrarlo y que me robe lo que quiera...
ResponderEliminarUn abrazo. Victoria.
Hola Victoria. ¡Bienvenida de nuevo! Creo que tú y yo somos bichos raros en lo que al levante se refiere. Cuando vengas disfrutaremos de él juntas. Un abrazo.
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