12.7.16

NATALIA



A Natalia le encanta la fotografía y quiere estudiar arte.
No me resulta difícil entender que le guste captar imágenes del mundo,
porque Natalia apenas habla.
Cuando llamo su atención, me mira con ojos inexpresivos esperando con recelo mis palabras,
 no sabe qué voy a decirle, pero siento que le asusta el simple hecho de que me dirija a ella.
El ruido y la algarabía no entran dentro de sus parámetros,
nació para moverse con el balanceo de las olas y dejarse llevar por la corriente.

Natalia reacciona a todo lentamente,
hasta para sentarse diría que titubea.
La observo en sus movimientos de gatita asustada y me conmueve la fragilidad de sus ademanes. Cuando todos se desplazan vertiginosamente,
 ella permanece inmóvil en medio de la estancia esperando a que todo cese,
para poder entonces actuar.

Entiendo que quiera ser fotógrafa,
porque la imagino explorando el mundo en busca de su recóndita belleza,
concentrándose en los pequeños detalles de las cosas que pasan desapercibidas,
envuelta en el sacro silencio de la apreciación del universo,
porque así es ella, tan sigilosa,
que se me antoja translúcida.
 Creo que en realidad Natalia querría ser transparente para poder solo observar
y esperar que la vida pase, sin que nadie se percate de que está presente.

A veces intento hacerle reír porque -cuando lo logro-
intuyo que le lanzo una cuerda con la que la arrastro al presente
y cuando nos reímos juntas,
construyo un túnel de luz que nos conecta.
 Porque Natalia apenas se relaciona
aunque -también es cierto- eso no le importa demasiado.

Es inteligente pero parece torpe, porque no encaja en los estándares del planeta.
Le cuesta asimilar que haya tantas nimiedades ahí fuera que tengan sentido para tanta gente,
porque no lo tienen para ella.
Y cuando comento a otros que existen personas de una sensibilidad inusitada,
llenas de pureza pero injustamente incomprendidas,
a Natalia sus diminutos ojos se le expanden como nenúfares
 y asiente con la cabeza tan imperceptiblemente que solo yo lo detecto.
Entonces se me abre el alma y resplandece,
porque en cierto modo, sé que la estoy acompañando en su insondable existencia.

Natalia es especial, como muchos otros, y yo he tenido la suerte de conocerla.



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