Los versos se escapan de
mis manos,
los veo saltar como
grillos de los dedos.
Los busco, los atrapo y
los encierro
sobre el blanco papel.
No quiero verlos
atados de por vida
en las fibras rugosas
de esa cárcel,
cautivos y olvidados.
Pero ellos siguen huyendo
de mi mente,
sólo para buscar,
sin cesar,
la libertad de quedar
presos
en muchas otras almas.

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