Hay momentos en que pienso que tengo
que hablar de cosas horribles, pero entiendo que esto no es
políticamente correcto. Nadie quiere oir más cosas tristes. Estamos
cansados de ser engañados, robados, pisoteados, ninguneados, y sobre
todo estamos cansados de comprobar que no pasa nada. Uno va a juicio
y ¿el resto?.
Ya tenemos demasiados problemas. No hay
trabajo y el que lo tiene no llega a fin de mes, los abuelos
sostienen familias enteras, no hay expectativas de un futuro digno,
el clima empeora y el mundo se desgasta. Estamos al límite y ahora
vienen los refugiados. No queremos oir más.
Veo a familias huyendo del horror de la
guerra, oigo a jóvenes decir que se marcharon de sus pueblos porque
empezaron a enseñarles cómo debían cortar cabezas, he escuchado
historias de personas que han perdido a sus hijos, a sus hermanos y
huyen para salvar de la masacre a los pocos miembros de las familias
que sobreviven. Pero un día bombardearon un asentamiento civil de
desplazados en la provincia de Idlib y muchos murieron. Ni siquiera
tuvieron tiempo ni ocasión de huir del pais, simplemente dejaron sus
hogares y marcharon a los campos, lejos de la destrucción.
Nadie sabe quien lo hizo. Oí a un
hombre gritar de impotencia y preguntar con toda la rabia que emana
de la injusticia: “¿Dónde está el mundo?”
Esa pregunta no me alcanzó como una
flecha, ni como una espada, me atravesó como una lanza . “¿Dónde
está el mundo?”.
Señor, permítame que le conteste,
tengo varias hipótesis: creo que el mundo está viendo que ésta no
es su batalla, que ya tiene otras internas, o puede que esté
haciendo acopio de metralletas por si acaso, o quizá está
apresurado escondiendo billetes, o está quitándose las pelusas de
su enorme ombligo, o puede que siga regocijándose de la riqueza que
le queda con olor a naftalina.
Señor, el mundo no está, ha salido
un momento. Como el que se ausenta de la mesa del restaurante ante
una desagradable discusión de comensales esperando que a su vuelta
todo se haya solucionado por arte de birlibirloque y que al sentarse
y acomodarse la servilleta en el regazo todos estén de nuevo
sonrientes y no haya pasado nada. Que no le salpique el marrón.
Señor, creo que este mundo ya ha
olvidado. No recuerda cuando ellos eran refugiados, cuando huían
despavoridos por la guerra, cuando eran perseguidos y cuando tuvieron
que abandonarlo todo. Muchos no sobrevivieron, pero otros muchos
fueron rescatados, acogidos por otros países, tuvieron la
oportunidad de empezar de cero y hoy en día hay generaciones
enteras que viven gracias a aquellas manos amigas que ayudaron.
“¿Dónde está el mundo?”
Preguntaba un hombre.
Sólo hizo esa pregunta..
-----------------

No hay comentarios:
Publicar un comentario