Blanca es la sensualidad hecha mujer.
Da igual que de adolescente fuese gordita y tuviese el pelo oscuro y rizado, imposible
de peinar como el cabello de una indígena salvaje. Ya entonces era morena y sus kilos de más
se transformaban en eróticas voluptuosidades que disimulaba perfectamente ya que, al
hablar, su voz melodiosa y sus blancos y simétricos dientes no daban tregua a los chicos
para que reparasen en sus jóvenes imperfecciones.
Ella los enamoraba a todos, daba igual lo que hiciese, cómo se vistiese, los errores que
cometiese; engatusaba a todo ser que se ponía a su alcance, a las chicas también.
Todas querían ser las mejores amigas de Blanca y todas ansiaban su compañía.
Blanca habla dulcemente, pronunciando unas eses poco comunes en el sur y arrastra cada sonido
que emite como un lametón por el rostro de quien la escucha perplejo.
Y al hablar, todo su cuerpo zigzaguea lentamente al ritmo de sus frases, como el de la
cobra que emerge de la cesta siguiendo la flauta del encantador. Pero es Blanca la que
hipnotiza a todos y todos la siguen al infinito como corderos encaminados al matadero.
Sus ojos rasgados solo emanan vida y no necesita sonreír cuando te mira de frente porque
ya lo hacen ellos solos; no sabes a qué mirar cuando quieres dirigirte a ella,
si a sus labios perfilados y juguetones o a esos ojos protagonistas.
Para contrarrestar tanta perfección Blanca podría ser mala, pero no lo es.
Quisieron los astros concederle todos esos dones y ella los recibió agradecida
pero también los devuelve. Porque paralelo a todo ese caudal de belleza corre otro río
rebosante de ternura. Amiga de sus amigos, amante fiel y eterna, entregada a su familia.
Pídele lo que quieras porque ella, desde la torre de su fortaleza, te lo concede como una
princesa benévola, como una reina, como una diosa.
Todos se rinden a sus encantos y yo fui la primera, porque he tenido la suerte de conocerla.
Blanca, quiero conocer a Blanca, la sensual, la de los ojos cautivadores. Blanca, yo sé quien eres, eres la belleza imperfecta.
ResponderEliminargracias Aurora por presentarnos!
De nada, Juan Carlos.
ResponderEliminarSeguro que hay otra Blanca cerca, a veces -de tan radiantes que son- no las vemos.