ahora que estás -Dios sabe en qué- pensando,
se me ocurre acercarme hasta tu orilla.
Y tengo que hablarte así, cuando me ignoras,
porque es cuando más parte de ti me siento.
Tú, lejos, absorto, preocupado,
yo, leve, silenciosa, entre las sombras.
Y vas y vienes como las olas del mar enfurecido,
te escapas a saltos, desapareces,
y cuando duermo, me salpicas de nuevo las mejillas.
Me gusta hablarte así, cuando no me oyes,
porque quiero pensar que me imaginas
en el silencio.
Y quiero hablarte así, cuando estás lejos,
porque no temo enmudecer con tus palabras;
si hablas tú
el horizonte es tan vasto y tan extenso
que mi voz se pierde entre las aguas.
Que hay barreras entre los dos, estás diciendo
y sin embargo, no puedo estar más cerca
¿no me presientes?
¿no me sientes vagar entre tus manos?
Tus dedos me acarician y sostienen.
Estoy tan cerca y tan lejos a la vez, tan escondida,
que ni tú puedes verme.
Que sí, que estoy aquí. Que no me entiendes.
Y te hablo así, cuando duermes mecido por la luna,
porque quiero hilvanar, sola, tus sueños
a mi cintura.
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