3.10.16

NUDOS DE SANGRE


Los pescadores deportivos utilizan el nudo de sangre
por su impresionante resistencia para unir dos líneas de sedal.

Líneas parecidas, cercanas entre sí, aunque no iguales,
que se van entrelazando poco a poco,
enrollándose una en la otra como sinuosas serpientes.

Después de cinco o seis vueltas, sus cabezas
-introducidas meticulosamente por los dedos del pescador en el orificio central-
se separan en direcciones opuestas.
Se diría que se alejan,
que cada una toma un camino distinto,
que se despiden.
Pero el tiempo que han pasado envolviéndose cuidadosamente no ha transcurrido en balde,
porque cuando cada una toma la vía opuesta a la otra,
cuando creen que ya no se van a volver a cruzar,
el pescador tira con firmeza de ambos extremos
y sus cuerpos se unen formando un diminuto barrilete,
quedando enlazadas para siempre.

Su fortaleza entonces es tal, que el pescador ya no duda en lanzar el sedal al mar
por muy potente que sea la presa,
porque sabe que no le defraudará,
que ese hilo es irrompible,
que se han unido sus fuerzas,
que ya no son dos, sino una e invencible.

Un nudo que une aparejos, empalma bajos, une la línea del carrete después de tener que cortar la línea madre por un enganche o por cualquier otro motivo.
No en vano recibe el nombre de nudo de sangre, porque imita a la misma.

Ese líquido bermellón, que una vez cortada la línea madre,
 sigue correteando despreocupado por las calles sinuosas de los diversos cuerpos,
 que -sin saberlo- se entremezcla,
se desplaza proporcionando vidas diferentes.
Vidas que parecen ajenas entre sí, dispersas, paralelas.
Sin darnos cuenta esa sangre va enlazando los destinos que se buscan,
que se llaman y necesitan.

Y cuando creemos que ya somos muchos y dispares, de repente,
los genes tiran de los extremos y se crea el nudo.

Ese barril de emociones, esa conexión infinita de glóbulos rojos y blancos,
ese sentir lo que siente el otro, ese pensar lo que piensa el otro, ese comprender cómo es el otro, aunque sea distinto.
Un nudo de sangre inquebrantable.

Así son los hermanos.

Si miras en derredor y no lo ves así, aguarda..
tus genes perezosos aún están aletargados.
El día que menos lo esperes despertarán,
tirarán de los lejanos extremos
y entonces

se creará tu nudo.







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