Esta engreída primavera
se pasea descarada,
luciendo la ambigüedad
como un echarpe,
solo para irritar mis ánimos tundidos
por tanto invierno malqueriente.
Se cree atractiva la muy coqueta
y vale Dios que lo es de todas todas.
Esboza una sonrisa juguetona y al acercarme
me despacha un viento norte y me atortola.
Reculo, desconfío y la ignoro,
pero luego aparece deslumbrante
dejando a su paso un perfume de estío tempranero.
¿Quién es capaz de no seguirla,
de no dejarse enamorar por esa esencia?
Doy un paso y luego otro
y ella permite que mi caminar obre milagros,
porque bajo su cálida veleidad
me dejo embelesar por el entorno.
Las cosas ya no son como eran antes
y percibo un mundo paralelo.
Ella es así, mágica,
porque hace que a mis ojos...
...EL
ÁRBOL HABLE...
Déjame acogerte en mis entrañas
porque olvidado estoy envejeciendo.
Mis ramas anhelan tener algún sentido
al guarecer la vida que me ofreces.
He perdido la cuenta del
tiempo que he vivido.
Como la persistencia de
la memoria de Dalí,
aquí persisto, a la
sombra de otros verdes juveniles,
derritiéndome como
un reloj, en el tronco que me ampara.
Me yergo altivo viendote
cruzar el parque,
quiero cautivarte con la
pirotecnia de mis brazos.
Se elevan al cielo para
estallar en un fogonazo de luz
y deslumbrarte cuando
llega la tarde.
Arropadme con un abrazo
frondoso, el aire es fresco.
Vuestro achuchón de
pizpiretas hojas
me hace tambalear y
desequilibra.
Cubridme de besos verdes,
que estoy desnudo.
Esperando estoy aquí para
bailarte,
aferrándome a la tierra
con mi falda gris y canastera
y al bordear la Alameda
gozando el aire
mi braceo te saluda por
bulerías.
Aquél que me dió hachazo
y óbito en un momento,
que me creyó abatido y
acabado,
ignora en su desdén que
sigo vivo y
que doy asiento a la vida
que con esta luz me nace.
Siete segundos de selva en
una plaza,
el tiempo que tardas en pasar de
largo.
Para, entra y descubre los mundos
lejanos
que guarda para ti este boscaje.
...LA ROCA HABLE...
Veo tu sombra aparecer en
un recodo de la cueva
mientras acepto este llanto
perpetuo y monocorde
que batanea mi piel con su
frescura y la desgasta.
No pido tu auxilio porque
no sufro.
Te sorprende vernos juntas,
yuxtapuestas.
Yo, de noble fin, altiva y
persistiendo.
ellos, toscos sillares
amodorrados,
esperando las historias de
la abuela.
Siglos soportando inerte
los embates.
Se ensañó conmigo el mar
furioso.
Cubierta y encubierta estoy
con esta piel cetrina
Ahora ya no puede hacerme
daño.
No llegas tarde, porque no
me muevo.
Siéntate aquí, en este
graderío desguarnecido
a la intemperie,
atento al aviso de las olas.
En breve comenzará
el espectáculo.
No soy una simple
escalera al uso,
soy la escala de acordes
del Atlántico.
Cada vez que subas y
bajes mis peldaños
podrás decir que
caminas sobre las aguas.
El poniente me azota de
frente cada día,
y el calor del sol no
llega hasta mis huesos.
Tengo los pies sucios de
humedad perpetua,
pero no importa, porque
puedo llorar primaveras.
...EL ANIMAL HABLE...
No nos hables de
guerras ni batallas
ni de qué te molesta o te
incomoda,
siéntate a nuestro lado,
olvida
y siente el calor de la tierra que
te ahíja.
Tomé la fortaleza. Soy
la general patiamarilla.
Sube y compartamos la
victoria.
Defendamos juntas las
posiciones
porque ya no pienso
entregar el baluarte.
¿Me llevará esta ruta a
algún sitio
que no me lleve el
planeo de mis alas?
¿Por qué dibuja el
hombre un camino para todos?
¿Acaso no sabe cada
uno dibujar su propio sendero?
Ando perdido en este
mar barbecho.
Por osado y aventurero he
perdido el azul.
Apiádate de mi y azúzame
a morder el cielo,
no quiero quedar clavado en
la impotencia.
¿Por qué brujuleas por
mis dominios?
¿No tienes suficiente con
hendir la bruma,
el levante y el poniente
cuando quieres?
Mi envidia morirá con el
despacho de mi zarpa.
No me empequeñece esta
miríada verde-plata
sino tu limitada mirada
humana.
...EL RINCÓN HABLE...
Creyeron anularme y me
abandonaron
en esta esquina, expuesto y
aburrido.
Pero si vienes a
verme al mediodía
lanzaré una
salva en tu honor, porque estoy vivo.
Somos las velas del
pastel de este rincón.
Nos encienden los rayos
de la tarde,
y nos apaga el levante
alborotador.
El diablillo siempre se
marcha sin probar bocado.
No te pido nada, nada me
debes.
Los tesoros que recaudo
me los entregó la historia.
Guárdate tu plata
interesada,
yo solo soy alcancía de
la memoria.
Jugáis conmigo
porque me creéis pequeña,
deidades de la luz y de
las sombras.
Me encendéis y apagáis
a la vez y ad libitum,
y yo me dejo
hacer...mansa, expuesta a los caprichos de los dioses.
¡Te tengo a
tiro, sanguinario corsario enemigo,
no te adentrarás en la
bahía, ni saquearás nuestras fragatas!.
Déjame jugar un poco
más contigo evocando el ayer
antes de que el poniente
te aleje de mí como un amante celoso.
Te observo en la
distancia, Torre de la Galeona.
ya no eres luz de
guía como antaño. Te lisiaron.
No me envidies si
en el frío de la noche me ves iluminada,
porque vivo
apenada de verte sola susurrando al oleaje.
Aquellas tanto y
nosotras tan poco.
¿Qué hemos hecho
para que nos abandones aquí,
inútiles, encalladas
y desfavorecidas.?
¡Acércate mar! Todas
queremos bailar contigo.
...EL MAR HABLE...
Tumba en mi regazo
tu garbo gaditano,
que tu melena morena
se desparrame en mis ondas,
esta vez seré yo, no
el fanfarrón
la que haga con mis
curvas tus tirabuzones.
Yo también
merezco un jardín.
Cansado de abrazar y
soltar la arena húmeda
hoy he querido
plantar violetas moradas.
Camina y huele. Son
mis flores y llevan mi perfume.
No he pensado en el
dolor de mis embestidas airadas,
ni en tu
embriaguez con la calima de mi aliento.
He
desgastado tus huesos hasta romperlos.
Déjame
besar tus pies para que puedas perdonarme.
Ha pasado el carnaval
por la Caleta.
Después de la
algarabía de la primavera
el sol cansado de
fiesta y jolgorio se recoge.
Mira mis acuosas calles repletas de confeti.
Soy un plato para ti,
siéntate a mi mesa.
Hagamos
sobremesa charlando de nuestras cosas.
Que este
sosiego sea el principio del futuro
porque aún
quedan decisiones importantes que tomar.
Han venido los
Reyes en una serena noche de mayo
y me han dejado trozos
de carbón en el salón.
Pero solo habré sido
un poco malo,
porque el alféizar de
la ventana está repleto de caramelos.
Tú y yo. Nada más.
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