Según el arquitecto y
escritor Marco Vitruvio en su tratado sobre arquitectura,
cuenta la historia que la
ciudad griega de Caria se alió con los Persas durante las Guerras
Médicas para conspirar contra los griegos. Cuando éstos vencieron a
su enemigo tras la batalla, castigaron al pueblo Caria arrasándolo,
matando a todos sus habitantes y vendiendo como esclavas a sus
mujeres.
Para que el mundo no
olvidase este episodio de la historia,
construyeron un pórtico
en el ala sur del templo de Erecteión, dentro de la Acrópolis de
Atenas.
En ese pórtico seis
figuras femeninas esculpidas en mármol,
vestidas con la túnica
drapeada de la época,
soportaban eternamente sobre sus
cabezas el peso del templo
como expiación por la
traición cometida por su pueblo.
Tal es la importancia de
las cicatrices que la memoria deja en la carga genética del ser
humano,
que en este siglo XXI, siglo de digitalización y entornos virtuales, siglo de
interconexión global y siglo de exploraciones al planeta Marte,
todavía hay millones de Cariátides explotadas, esclavizadas,
maltratadas, asesinadas y soportando la carga de todos los males del
planeta.
Y me pregunto yo,
¿cuándo estimarán los
dioses que ha quedado saldada la cuenta pendiente de los traidores?
¿cuándo dejarán de ser
las mujeres los chivos expiatorios de la maldad de la humanidad?
¿cuándo podrán ser
todas dueñas de sus cuerpos y sus mentes?
¿ cuándo podrán caminar
por las calles sin miedo a ser secuestradas o violadas?
¿cuándo podrán ser
consideradas como seres humanos y no como un juguete en manos
desalmadas?
¿cuándo podrán decidir
cómo vivir sus vidas sin ser ignoradas, apaleadas u ocultadas?
¿cuándo podrán dejar de
asumir las cargas que no saben o no quieren llevar los otros?
Y sobre todo
¿cuándo podremos las
mujeres dejar de hacernos todas estas preguntas,
hasta hoy sin
respuesta?
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Actualmente hay cinco
Cariátides originales custodiadas en el Museo de la Acrópolis de
Atenas.
Están en su tierra.
Allí permanecen expuestas
al público, a manos de restauradores y vigilantes de la historia,
están a buen recaudo y
protegidas,
pero están solas y
tristes.
Porque hay una Cariátide
secuestrada en el Museo Británico de Londres.
Se la llevaron por orden
de Lord Elgin en el siglo XIX y nunca más la devolvieron.
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Cuenta la leyenda que una
noche sin luna,
trabajadores subieron a la
roca de la Acrópolis equipados con picos y martillos
con la intención de
extraer del Erectión las cinco Cariátides restantes.
Cuando se encontraban a
escasos metros del templo,
comenzaron a escuchar
gritos aterradores y desgarrados lamentos en medio de la oscuridad.
Al comprobar que quienes
lloraban y gritaban eran las cinco Cariátides pidiendo el regreso de
la hermana secuestrada, arrojaron al suelo sus herramientas y huyeron
despavoridos del lugar.
Cuentan que todavía hoy,
en las noches sin luna, el viento que desciende desde la Acrópolis
expande sobre la ciudad de Atenas el triste rumor de un profundo
lamento.
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Muchas somos las
Cariátides de Atenas,
nos han restaurado a la
vida, nos han dado nuestro lugar en el mundo,
nos han devuelto la
dignidad perdida.
Pero no podemos dejar de
extender nuestra voz y nuestra lucha porque hay otras hermanas en
muchos lugares del mundo secuestradas, atormentadas y soportando
ellas solas toda la carga.
Tenemos que gritar bien fuerte,
sólo así huirán
los desalmados.