22.10.16

LA MALDICIÓN DE LAS CARIÁTIDES


Según el arquitecto y escritor Marco Vitruvio en su tratado sobre arquitectura,
cuenta la historia que la ciudad griega de Caria se alió con los Persas durante las Guerras Médicas para conspirar contra los griegos. Cuando éstos vencieron a su enemigo tras la batalla, castigaron al pueblo Caria arrasándolo, matando a todos sus habitantes y vendiendo como esclavas a sus mujeres.

Para que el mundo no olvidase este episodio de la historia,
construyeron un pórtico en el ala sur del templo de Erecteión, dentro de la Acrópolis de Atenas.
En ese pórtico seis figuras femeninas esculpidas en mármol,
vestidas con la túnica drapeada de la época,
soportaban eternamente sobre sus cabezas el peso del templo
como expiación por la traición cometida por su pueblo.

Tal es la importancia de las cicatrices que la memoria deja en la carga genética del ser humano,
que en este siglo XXI, siglo de digitalización y entornos virtuales, siglo de interconexión global y siglo de exploraciones al planeta Marte, todavía hay millones de Cariátides explotadas, esclavizadas, maltratadas, asesinadas y soportando la carga de todos los males del planeta.

Y me pregunto yo,
¿cuándo estimarán los dioses que ha quedado saldada la cuenta pendiente de los traidores?
¿cuándo dejarán de ser las mujeres los chivos expiatorios de la maldad de la humanidad?
¿cuándo podrán ser todas dueñas de sus cuerpos y sus mentes?
¿ cuándo podrán caminar por las calles sin miedo a ser secuestradas o violadas?
¿cuándo podrán ser consideradas como seres humanos y no como un juguete en manos desalmadas?
¿cuándo podrán decidir cómo vivir sus vidas sin ser ignoradas, apaleadas u ocultadas?
¿cuándo podrán dejar de asumir las cargas que no saben o no quieren llevar los otros?
Y sobre todo
¿cuándo podremos las mujeres dejar de hacernos todas estas preguntas,
 hasta hoy sin respuesta?

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Actualmente hay cinco Cariátides originales custodiadas en el Museo de la Acrópolis de Atenas.
Están en su tierra.
Allí permanecen expuestas al público, a manos de restauradores y vigilantes de la historia,
están a buen recaudo y protegidas,
pero están solas y tristes.
Porque hay una Cariátide secuestrada en el Museo Británico de Londres.
Se la llevaron por orden de Lord Elgin en el siglo XIX y nunca más la devolvieron.

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Cuenta la leyenda que una noche sin luna,
trabajadores subieron a la roca de la Acrópolis equipados con picos y martillos
con la intención de extraer del Erectión las cinco Cariátides restantes.
Cuando se encontraban a escasos metros del templo,
comenzaron a escuchar gritos aterradores y desgarrados lamentos en medio de la oscuridad.
Al comprobar que quienes lloraban y gritaban eran las cinco Cariátides pidiendo el regreso de la hermana secuestrada, arrojaron al suelo sus herramientas y huyeron despavoridos del lugar.
Cuentan que todavía hoy, en las noches sin luna, el viento que desciende desde la Acrópolis expande sobre la ciudad de Atenas el triste rumor de un profundo lamento.
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Muchas somos las Cariátides de Atenas,
nos han restaurado a la vida, nos han dado nuestro lugar en el mundo,
nos han devuelto la dignidad perdida.
Pero no podemos dejar de extender nuestra voz y nuestra lucha porque hay otras hermanas en muchos lugares del mundo secuestradas, atormentadas y soportando ellas solas toda la carga.

Tenemos que gritar bien fuerte,
sólo así huirán los desalmados.








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