3.7.16

LEY DE VIDA




A él se le rompió el alma al verla sentada al filo de la cama sollozando.
Le impresionó que esa férrea mujer llorara cuando ni siquiera lo hizo en el funeral de su marido.
No se sentía culpable porque no era su intención abandonarla, pero un diáfano y sereno amanecer
 él se marchó.
Semanas después ella fue a visitarle. Él la miraba de soslayo mientras le mostraba su nueva casa. 
"Las vistas al mar son preciosas, hijo mío" - dijo ella resignada.




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