5.12.16

¡CÓMO LLUEVE!

“El tiempo está como una regadera”
oigo decir.

Es curiosa esa comparación entre la locura y la regadera.

Un recipiente inocente y discreto en el jardín,
esperando que una mano lo ice suavemente
y lo pasee entre planta y planta desparramando el agua fresca dadora de vida.

No tiene sentido.

Entonces lo busco
y cuando los orígenes de la comparación son varios
me decanto por el que me parece más atractivo:

Es Pancracio Celdrán el que nos cuenta que la frase pudo nacer
a raíz del estreno de una obra que causaba furor en su época:
En 1907 la cupletista Julia Fons estrenó “El Vals de la regadera” en el Teatro Eslava de Madrid,
una pieza procedente de la zarzuela “La alegre trompetería” en donde se decía
con cierta picardía subida de tono:

“Tengo un jardín en mi casa
que es la mar de rebonito;
pero no hay quien me lo riegue
y lo tengo muy sequito.
Al levantar y acostarme
lleno de agua la regadera,
y con las faldas muy recogidas
lo voy regando de esta manera”...

Cuando la cupletista hacía ademán de regar con la regadera, el público enloquecía y hacía gestos destemplados conforme Julita Fons iba insinuándose más y más, de modo que en aquellos años
primeros del siglo XX se decía que estaba como una regadera
la persona que pierde el control y gobierno de su persona.



Ya sé que me pierdo por los Cerros de Úbeda
con una facilidad pasmosa
(como Álvar Fañez en la contienda de cristianos y almohades).
Todo para decir que el tiempo es un señor enchaquetado y con bigote
que no está muy en sus cabales,
que enloquece y nos envía treinta grados en noviembre,
que nos hace un gesto destemplado y nos deja caer en la sesera
trombas de agua que desbordan ríos y causan inundaciones imposibles,
que pierde el control y nos lanza trompos de tornados que arrasan ciudades,
que no sabe gobernarse y deja nuestros campos áridos durante meses.

Y es que todos somos la cupletista Julita Fons desquiciando al clima:

“No puedo reciclar, no tengo sitio en la casa para tanto bidón”
“yo es que el coche lo necesito para todo”
“talaremos algunos árboles, pero esa carretera es necesaria”
“¿y si hacemos una fogata para asar los chorizos?”
“ahora no podemos permitirnos reformar la fábrica”
“Ya se nos ha encallado otro petrolero cerca de la costa”

Y así vamos cada uno cantando un cuplé,
paseándonos por el mundo con nuestra picardía
y subiendo poco a poco la líbido del entorno.
No es extraño que el tiempo se excite,
no sepa cómo entrarnos
y pierda su control y su gobierno.

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“El tiempo está como una regadera”
oigo decir.
Y es que no hacemos otra cosa que subirnos la falda
y enseñarle las canillas.


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